¿Para qué existe la universidad si no para servir a la sociedad? La formación integral de futuros profesionales es la prioridad más visible para cumplir con su rol social, pero no la única. El accionar de una casa de altos estudios no puede remitirse tan solo al espacio geográfico en el que se asientan sus edificaciones, ni mucho menos a su ámbito académico.

La pandemia de la Covid-19 le ha impuesto un alto reto a la sociedad. La responsabilidad de enfrentarla no es solo del sistema de salud, sino de todos los actores sociales actuando de manera mancomunada. Uno de esos actores, que no puede soslayarse, es la universidad. Por ello, desde el inicio de la pandemia, las casas de altos estudios asumieron importantes misiones, en las cuales, la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae) ha jugado un papel protagónico.

Pero en el enfrentamiento a la actual situación de pandemia, ¿solo puede aportar la Cujae en labores de apoyo, que no requieren de los vastos conocimientos acumulados en la Universidad Tecnológica? Por supuesto que no.

Ante la meritoria participación de estudiantes y profesores de las universidades capitalinas en misiones de enfrentamiento a la pandemia, el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, realizó un ciclo de encuentros en los centros universitarios, con los implicados en las tareas.

Hospital Salvador Allende (Covadonga)
Hospital Salvador Allende (Covadonga).

El 6 de enero del presente año 2021 se realizó el segundo encuentro en la Cujae. En él se abordaron las diferentes misiones asumidas, entre las que estaba el trabajo en labores de apoyo en el Hospital Salvador Allende (Covadonga) en rotaciones de grupos cada dos semanas. El joven profesor e ingeniero civil, Alejandro López Llanusa, quien dirigió la segunda rotación por la Covadonga, habló sobre las particularidades del trabajo realizado y comentó algo que le llamó la atención de sus vivencias en el hospital. Existían problemas en la institución que, desde una visión ingenieril, podían ser resueltos, idea que también expresaron otros voluntarios acerca del Hospital Pediátrico de San Miguel del Padrón (La Balear). Ante estas problemáticas, la respuesta del Presidente fue inmediata, “pues hagamos un proyecto donde apliquemos la ingeniería y la arquitectura en los hospitales, y comencemos por la Covadonga y La Balear”.

Unos días después se realizó una reunión entre directivos de la Cujae y el MINSAP, en la que se habló de la nueva misión. Posteriormente se abordó el tema en un Consejo Universitario, y los nombres de dos jóvenes profesores salieron a relucir para dirigir la tarea. Uno, el propio Alejandro. El otro, Dariel, de Mecánica.

Hospital Pediátrico de San Miguel del Padrón (La Balear)
Hospital Pediátrico de San Miguel del
Padrón (La Balear).

A mediados de febrero se realizó la primera reunión solo entre cujaeños, con los representantes designados por cada facultad para realizar los trabajos. En el encuentro se presentaron los bancos de problemas detectados por los estudiantes y profesores que habían trabajado de voluntarios en los dos hospitales. El lugar de la reunión fue el Salón de Grados Científicos de la Cujae, el cual se convirtió, a partir de entonces, en la sede de estos encuentros semanales con los implicados.

Imaginémonos a los arquitectos y a los civiles evaluando la infraestructura constructiva hospitalaria, y a los eléctricos la red eléctrica y el consumo histórico. A los hidráulicos determinando las capacidades de almacenamiento de agua, los horarios de bombeo, y trazando los recorridos de las instalaciones. A los informáticos y telecomunicadores analizando el nivel de informatización. A los industriales realizando el diagnóstico organizacional y a los mecánicos el de las calderas, el transporte y el de otros equipos mecánicos. A los biomédicos y automáticos revisando los equipos médicos y otros equipamientos con control automático.

De esta intervención integral en pos de los diagnósticos, no escasean las vivencias, como el hecho de conocer que se han comprado refrigeradores gigantes, cuando con equipos más pequeños se podía resolver. Que el mantenimiento es “contra avería” y poco efectivo. Que, aunque en La Balear hay un recipiente con gran capacidad para almacenar oxígeno, la sala de terapia intensiva no está conectada a este, por lo que hay que reponer constantemente los balones pequeños. Que los eléctricos perdieron tiempo porque, para hacer una evaluación, tenían que quitar el suministro eléctrico. Que los médicos llevan a los hidráulicos a los lugares, pero tratan de que no se demoren para evitar el contagio con la Covid, lo que les aprieta el tiempo para hacer su trabajo. Que en los dos hospitales hay que evaluar antes de transformar cualquier construcción civil, porque ambos centros tienen valores patrimoniales. Que hay que levantar una parte del muro perimetral de la Covadonga. Y que los salideros dificultan el diagnóstico de la red hidráulica.

Jeilyn y Ernesto, estudiantes de cuarto y primer año de arquitectura, respectivamente, en la lavandería de la Covadonga.
Jeilyn y Ernesto, estudiantes de cuarto y primer año de arquitectura, respectivamente, en la lavandería de la Covadonga.

Las lavanderías son tal vez los servicios donde más han confluido las facultades, pues allí han ido los eléctricos a revisar la iluminación y la protección eléctrica; los mecánicos, el clima, las calderas y el mantenimiento del equipamiento; los hidráulicos, el bombeo del agua; los industriales, la organización interna del trabajo; y los automáticos a evaluar el estado técnico de los equipos y proporcionar facilidades de automatización.

De tantas vivencias, han surgido otras tantas interrogantes, como ¿por qué se emplea tanto el teléfono en tributar información y en otras gestiones, las cuales pudieran realizarse con mayor eficiencia y eficacia a través de softwares? ¿Por qué no está automatizado el bombeo de agua? ¿Qué tratamiento darles a los deshechos? ¿Cómo atajar los riesgos biológicos? ¿Por qué cada hospital tiene solo dos especialistas en informática? ¿Cómo diseñar un flujo entre las áreas, que evite el contagio? ¿Por qué las calderas llevan suavizadores de agua? Y así, otro montón de “qué”, “cómo” y “por qué”.

A las vivencias e interrogantes ya les acompañan las primeras propuestas de soluciones, como instalar un sensor para apagar el motor del agua cuando el líquido alcance determinado nivel; eliminar los salideros por parte de los hidráulicos; hacer prácticas laborales de los estudiantes para realizar labores que hoy tienen dificultades por existir déficit de personal; y hacer un levantamiento completo de los hospitales en 3D, que permita comprender la volumetría a construir, aportar conocimiento y gestión del proyecto, y facilitar el trabajo conjunto de todas las especialidades. Esto último evita que la información sea depositada en diferentes plataformas como planos escritos, documentos Excel o CADs. Hoy en los hospitales se están impartiendo clases, realizando tesis de grado e investigando, todo lo cual tributará a la formación de profesionales con futura ubicación laboral en las propias instituciones hospitalarias.

Pero organizar este conglomerado de tareas, facultades, diagnósticos y propuestas de soluciones para las diferentes áreas de los hospitales, requiere de un gran esfuerzo e intencionalidad, y los “cabezazos” no han sido pocos en estos primeros meses de tan compleja misión. A la labor de Alejandro y Dariel en esta dirección, se han sumado dos jóvenes profesores de la facultad de Industrial: Janett y Dayron. Unos de los objetivos más difíciles e importantes que se han propuesto estos cuatro jóvenes profesionales ha sido la de organizar todo en un proyecto único. Ello requiere homogenizar la entrega de la información de las facultades, para lo cual fue diseñada una plantilla única.

Dariel y Alejandro dirigiendo una de las reuniones en el Salón de Grados Científicos de la Cujae
Dariel y Alejandro dirigiendo una de las reuniones en el Salón de Grados Científicos de la Cujae.

Poco a poco se ha ido tomando conciencia de algunos principios y prioridades en el trabajo, como es la necesidad de que existan especialistas en servicios técnicos, tales como inversionistas, administradores, jefes de mantenimiento y energéticos con los suficientes conocimientos que les permitan hacer las mejores propuestas de soluciones; que es preciso introducir dentro de los hospitales el concepto de “saber hacer” en materia tecnológica; que debe ser el médico quien diseñe su puesto de trabajo, de acuerdo a sus requerimientos, y no el especialista técnico; y que ya es necesario rebasar la etapa del diagnóstico para comenzar a tener resultados.

Del trabajo realizado en esta primera etapa, se ha podido comprobar que los médicos están asumiendo responsabilidades administrativas y técnicas, que pudieran ser servicios contratados a personal calificado en la materia. Si esto se lograra, se estarían protegiendo a los directivos de la salud que hoy asumen cargos que no debieran estar en su ámbito de responsabilidad.

En fin, que la complicada misión que responde al nombre de “sistema integrado de intervención de ciencias técnicas para la gestión hospitalaria”, marcha, con no pocos tropiezos, pero con muchos deseos de quienes la “empujan” a diario. Esta tarea es una de las más importantes que la dirección del país le ha asignado a la Universidad Tecnológica de La Habana en estos tiempos difíciles. El hecho de que a dos jóvenes profesionales se les haya dado la responsabilidad de conducir tan importante misión, es un reto, pero también una convicción de la necesaria continuidad. Para mayor satisfacción de quienes hemos asistido a este parto sui géneris en cuanto al trabajo interdisciplinario en la Cujae, Dariel y Alejandro han demostrado poseer cualidades para llevar adelante la compleja tarea junto a los profesores y estudiantes que han asumido con gran responsabilidad los retos que se les presentan a diario, trabajando todos en función de alcanzar los mismos objetivos.

A estas alturas del trabajo, ya se piensa en una metodología para la intervención ingeniera en cualquier otro hospital del país, y razones hay para pensar así. Los hospitales Salvador Allende y Pediátrico de San Miguel del Padrón no son una excepción en cuanto a las necesidades de transformaciones tecnológicas. Pero hay una razón mayor. Cuando Alejandro le manifestó a Díaz-Canel la siguiente preocupación en forma de pregunta: “¿Qué va a pasar cuando nos vayamos?” La respuesta fue inmediata: “Yo espero que ustedes nunca se vayan”.

Viernes, 4 de junio del 2021
Por Miguel Alfonso Sandelis

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